Recomendamos consumirlo dentro de 1 a 2 semanas. Al igual que el vino, el sake comienza a oxidarse una vez abierto, perdiendo sus aromas más volátiles y la frescura. Si lo guardas correctamente (sellado y refrigerado), seguirá siendo bebible después de las dos semanas, incluso 1 año, aunque su peak de sabor irá disminuyendo.